Slow life de una Mamá Voladora

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Hace ya algunos días os empecé hablando en este post sobre la filosofía de vida “Slow life”. Un movimiento que promueve la desaceleración de la vida, sacándole el máximo partido a cada instante, viviendo a fuego lento.

slow life
Lucas en la floristería

Tal y como explica Carl Honoré, el gurú del movimiento Slow, en su libro “Elogio de la Lentitud” ,el secreto está en el equilibrio. En tratar de vivir con la velocidad adecuada cada momento.

Entre los distintos consejos que el autor nos va dando en su libro, el cual os recomiendo leer si os interesa el tema, habla de vivir más en el presente. Cuando vamos deprisa, apenas rozamos la superficie de la cosas.

En este post me gustaría contaros cómo la práctica de esta filosofía hará que disfrutemos más de nuestros hijos, así como de una vida mucho más plena.

¿No pensáis que nos pasamos la vida esperando a que pasen grandes cosas, pero lo que nos pasa, sin apenas darnos cuenta, es la vida?

No apreciamos los pequeños detalles que nos rodean, lo que de verdad importa. El día a día nos come sin darnos cuenta.

El trabajo, los niños, las tareas del hogar, deporte, actividades extraescolares y vuelta a empezar. Siempre pensando: “¡qué ganas de que llegue el fin de semana, las vacaciones de verano, la Navidad o lo que sea que tenga que llegar!”. Pero si os dais cuenta, siempre viviendo en un futuro que nunca llega a resultar complaciente. ¿Y qué pasa con nuestro presente?

No se trata tampoco de perder de vista nuestras propias metas, tan solo de vivir plenamente ese camino.

Hay un libro que me gustó mucho que se presenta como una guía práctica y sencilla para llevar la atención plena a nuestro día a día. Este libro se llama “El viaje al Ahora” de Jorge Barraca y en él se aprenden, a través de fábulas, las pautas para iniciarte en el mundo del “mindfullness” como también es conocido.

¿Qué es la atención plena o Mindfullness?

“Vivir con atención plena consiste en mantener la actitud de estar en contacto con el mundo, abierto a lo que se experimenta en cada instante, dirigiendo la atención de forma consciente a lo que se hace en cada momento, y llevarlo a cabo de forma similar a la de un niño que contempla por primera vez un espectáculo sorprendente, sin juzgarlo, ni valorarlo, ni cuestionarlo, ni criticarlo. Sin compararlo con vivencias del pasado, sin preocuparse por lo que sucederá, sin envidias. Implica ser consciente de lo que se ve, se siente, se oye se huele, se degusta, se saborea, se palpa justo en el momento en que ocurre. En el ahora”.

Yo no sé vosotros pero yo estoy harta de vivir con prisas y como diría nuestra amiga Mafalda “ ¡Que se pare el mundo que yo me bajo!”.

Así que aquí os dejo algunas ideas slow planteadas por expertos en mindfullness de la revista www.serpadres.es y algunos ejemplos de como yo las aplico en casa.

1.- Apagar el móvil cuando estemos con nuestros hijos/as.

Seguramente esto nos parecerá imposible, pero debemos hacer el esfuerzo para que el tiempo que estemos con ellos, por poco que sea, sea de calidad. De nada sirve pensar que le hemos dedicado a nuestros hijos dos horas cuando una de ellas la hemos pasado pendiente del móvil y la otra haciendo cosas por casa.

2.- Tienen que aprender que aburrirse no es malo (ellos y nosotros).

Un ejemplo sería que nos vieran disfrutando de “no hacer nada”: escuchando los sonidos de los pájaros, o una canción con los ojos cerrados, o de mirar un atardecer, la luna… Invítalos a que te acompañen en silencio por unos minutos.

3.- No tener la televisión encendida a modo de banda sonora en casa.

El sonido de fondo incrementa los niveles de estrés.

4.- Acompañarlos en sus momentos de curiosidad.

Si a tus hijos les gusta hacer alguna actividad de observación como seguir el camino de las hormigas del jardín, ojear un libro, mirar las formas de las nubes, siéntate a su lado y aprende en silencio. Entrénate para ponerte en sus zapatos y ver las cosas con sus ojos: con curiosidad. No les interrumpas ni comentes nada, simplemente acompáñalos.

5.-  La importancia de las comidas familiares sin teles ni tablets.

¿Sabéis que le encanta a Lucas? Las cenas chill-outs de los fines de semana. Todo el salón lleno de velas con música relajada de fondo para amenizar la velada.

cenas chill-out
Decoración de una de nuestras cenas chill-out

Quedó impresionado la primera vez que se la preparamos y ya son de obligado cumplimiento al llegar los viernes.

6.- Es muy importante el contacto frecuente con la naturaleza

Se trata de la mejor escuela de calma y, también, el mejor antídoto frente al estrés. Tenemos la suerte de vivir justo al lado de un pinar y solemos ir mucho a realizar “expediciones científicas”. Nos inventamos historias de piratas, tesoros escondidos o misterios que descubrir. La imaginación al aire libre corre como la pólvora.

Otra de las cosas que nos gusta hacer juntos es ir a comprar flores cada sábado a la floristería de nuestro barrio.

Flores y bici

Me ayuda a escoger las flores para la casa e incluso el otro día nuestra amiga Milagros le preparó un ramillete de margaritas que colocó en su cuarto y del cual estuvo muy pendiente el resto de la semana observando como las flores se iban bebiendo el agua.

7.- No programar todo su tiempo, dejando espacio para la improvisación.

De esta manera surgirá su creatividad innata. Si les diriges toda su jornada, pierden la posibilidad de desarrollar su imaginación y mostrarse como realmente son.

8.- No ir siempre con prisas.

Incluso cuando hacemos cosas con los niños vamos acelerado. No es necesario hacerlo todo en un día o unas horas. No les estreses con tus “tenemos que”, relájate y disfruta con ellos. Es más importante experimentar.

Bueno hasta aquí estos consejos, ¿qué os han parecido? ¿Os unís al movimiento slow life?

Y que nunca se nos olvide que…

“Los pequeños momentos son los que hacen grande la vida”

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